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Daniel Melingo alumbra la tradición tanguera

Melingo – Anda

Popart Discos – 4 estrellas

Cuando Daniel Melingo apareció en 1998 con Tangos bajos, primer álbum de su etapa tanguera, muchos no sabían bien cómo tomarlo. Después de todo, éste era el mismo músico que había surgido a la consideración pública como integrante de dos grupos fundamentales del "rock divertido" de los 80, Los Abuelos de la Nada y Los Twist. Luego, durante su residencia en España, logró una exitosa fusión de rock, dance y psicodelia con Lions in Love. Es decir, su camaleónica capacidad de adaptación era indiscutida, pero no se sabía si esta vez se trataba de una nueva etapa que quedaría prontamente superada, ni cuánto había de homenaje y cuánto de ironía en su adaptación de la estética tanguera.

Dieciocho años después y a la altura de su séptimo trabajo, ya no cabe duda: Melingo ha conseguido integrar las distintas vertientes que confluyen en su formación musical en un estilo singular, rioplatense y universal. Su herencia italiana, la formación clásica, su recorrido de músico trashumante, el amor por el jazz, el tango y el cabaret de posguerra, la ensoñación psicodélica y la experimentación vanguardista, la postura de crooner posmoderno de gente como Tom Waits, Nick Cave y Paolo Conte, el imaginario orillero y marginal de los grandes poetas tangueros, e incluso el histrionismo actoral que remite a los sótanos y tugurios del under de los 80. Y aunque ya lo preanunciaba en discos anteriores como Corazón y hueso (2011) y Linyera (2014), en Anda Melingo alcanza un nuevo estadio y alumbra una embriagadora obra maestra.

Apoyado en otros dos músicos que, como él, comparten su cualidad de arregladores y multiinstrumentistas, Muhammad Habbibi Guerra (ex Pequeña Orquesta Reincidentes) y Juan Ravioli, más el inspirado violín de Javier Casalla, Melingo va conformando un mosaico caleidoscópico en el que las piezas se ensamblan. El disco comienza con una trilogía de canciones con letras del poeta lunfardo Luis Alposta, musicalizadas por Osvaldo Pugliese, Edmundo Rivero y el propio Melingo. "Se viene el dos mil" se planta con majestuosidad tanguera; "A lo Megata" cuenta la historia de un japonés que bailó el tango en París; y en "Igualito que el tango" Daniel aporta su propia visión de la melancolía porteña. "Sol tropical" (escrita por el letrista de Gardel, Alfredo Le Pera) nos transporta a un salón de baile de la Cuba precastrista, y el viaje continúa hacia el Oriente con "En un bosque de la China", y el sonido inconfundible de su clarinete. La magnífica "Espiral", del propio Melingo, presenta su veta más romántica, en lo que suena como un nuevo clásico del tango. El tema que da nombre al disco manda al frente la voz casi desnuda de Daniel, curtida y especialmente pregnante por su fragilidad, en algo que suena a la vez como una plegaria, un mensaje a quien escucha y un canto a sí mismo: "Anda, que nada está viejo/Es sólo el pellejo, el traje mortal/Con olor a libro dulce, ese aliento original. en todos los calendarios, yo te guardo este lugar/Un refugio, una guarida, para poder regresar/Y volver a empezar".

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