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Horacio Guarany, el cantor infinito

Aunque fue uno de los representantes más destacados del folclore argentino de los años 60, y aportó como compositor una gran cantidad de clásicos perdurables de esa Epoca de Oro de la música popular, parte de la prensa – en vida, y también ahora, luego de su fallecimiento a los 91 años a causa de un paro cardíaco – suele referirse a Horacio Guarany con anécdotas relacionadas con su pasión por el vino.

Especialmente, aquella que relata que de las canillas de su casa de Coghlan, bautizada justamente "El Templo del Vino" y convertida en peña folclórica, en lugar de agua caliente y fría, salía vino tinto y vino blanco. Su personalidad exuberante, extrovertida, polémica, lo apartó de la "corrección política" reservada a otros artistas, pero sin embargo Horacio Guarany, – que había nacido como Eraclio Catalín Rodríguez en 1925, el penúltimo de los catorce hijos de un padre indígena (en homenaje al cual se pondría su apellido artístico) y madre española -, no sólo fue un autor emblemático de la "canción de protesta", sino que también compuso algunas bellas canciones de amor dentro del género, antes de que comenzara a hablarse de folclore "romántico" o "melódico".

En este sentido, algunos de los muchos ejemplos son "Zambita de piel morena", "No quisiera quererte", "Nada tengo de ti", "Canción del adiós" y "Cuando ya nadie te nombre", así como la emotiva "Regalito", dedicada a la madre. Incluso uno de los mayores éxitos del "boom" del folclore en los años 60 fue una canción "descubierta" por Guarany, "Angélica", que compuso su por entonces guitarrista, Roberto Cambaré. En el canon de Guarany también hay canciones donde lo personal se mezcla con la descripción del paisaje, como "Pescador y guitarrero" y "Puerto de Santa Cruz" y supo cantarle al vino en muchas de sus creaciones, entre las cuales sobresale "Volver en vino" ("si el vino viene, viene la vida…").

Pero por supuesto, es en la canción comprometida donde se encuentran algunos de los hitos que más lo identifican, como la emblemática "Si se calla el cantor", un himno atemporal que se convirtió en símbolo de la lucha contra la censura, "Caballo que no galopa", "La guerrillera", "No sé porque piensas tú", sobre un poema de Nicolás Guillén, la lírica "Guitarra de medianoche", que cantó junto a Mercedes Sosa, y "Coplera del prisionero", con letra de Armando Tejada Gómez ("estamos prisioneros carcelero, yo de estos torpes barrotes, tú del miedo…").

Fueron estas canciones las que le valieron que tuviera que exiliarse en 1974, amenazado por la Triple A, en un periplo que recorrió Venezuela, México y finalmente España, mientras que la dictadura prohibía sus canciones y hacía desaparecer sus discos. Regresó a fines de 1978, para encontrarse con que pocas semanas después le pusieron una bomba en su casa. Horacio permaneció en el país con un perfil bajo, refugiándose principalmente en actuaciones en el interior del país, hasta el regreso de la democracia.

Fue de los primeros en hacer giras por la Unión Soviética (1957), y en cantar en el Festival de Cosquín (1961), para el cual se dice que incluso recomendó a un joven locutor de nombre Julio Mahárbiz. Publicó un libro de memorias, escribió tres novelas, filmó dos películas dirigidas por Enrique Dawi, Si se calla el cantor (1972) y La vuelta de Martín Fierro (1974), y retornó al cine en 2012 con El grito en la Sangre, dirigida por Fernando Mussa, basada en su propia novela, Sapucay. También aparece en Argentinísima, la histórica película realizada en 1972 por Fernando Ayala y Héctor Olivera.

La estampa de Guarany en los festivales de folclore de comienzos de los 70, ubicado en el centro de un amplio semicírculo de guitarristas y bombistos, era algo sin precedentes dentro del folclore, y producía un efecto arrollador, equiparable al de una banda de rock pesado (no es casual que Malón haya versionado "Si se calla el cantor"). Probablemente eso haya originado uno de los apodos con que se lo conocía, "el Potro". Otro era Horacio "Pueblo" Guarany, y tampoco es casual que dos de los cantantes más populares del folclore actual, El Chaqueño Palavecino y Soledad, se hayan inspirado en su figura. Palavecino dedicó un álbum íntegro a sus composiciones (Abrazando al Caudillo, 2008), y la Sole lo homenajeó con un recital conjunto en el Luna Park, que quedó registrado en un disco en vivo (Soledad y Horacio: Juntos por única vez, 2002).

Su estilo declamatorio, polémico, se mezclaba con su generosidad (Nacha Guevara recuerda su solidaridad en el exilio) y permanente apoyo a los nuevos valores, – desde Jacinto Piedra hasta Luciano Pereyra -, mientras que su actitud constituyó un ejemplo para muchos, como Víctor Heredia, León Gieco y Teresa Parodi, quienes manifestaron su admiración en estos días.

También Guarany expresaba la admiración a sus mayores. En su finca de Luján, llamada Plumas Verdes, donde falleció el 13 de Enero, había árboles con los nombres de artistas que habían partido antes que él. Seguramente ahora habrá uno, de copa muy frondosa y raíces bien profundas, bautizado como el cantor, Horacio Guarany.

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