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Illya Kuryaki and The Valderramas apostó al presente en el Luna Park

Foto de Agustín Dusserre. Foto de Agustín Dusserre. Foto de Agustín Dusserre. Foto de Agustín Dusserre. Foto de Agustín Dusserre. Foto de Agustín Dusserre. Foto de Agustín Dusserre. Foto de Agustín Dusserre. Foto de Agustín Dusserre. 

A menos de cinco meses de la salida de L.H.O.N. Illya Kuryaki & The Valderramas llegó a la presentación del disco con un imaginario renovado. Lejos del look distópico-chicano-motoquero del arte de tapa, Dante Spinetta y Emmanuel Horvilleur salieron a escena en el estadio Luna Park, encapuchados en ponchos grises, como monjes franciscanos que pregonan la salvación como una conquista espiritual a través del funk. Con el mismo atuendo y detrás de un telón traslúcido que por momentos sirvió de pantalla, estaba su banda. La postal casi religiosa, responde al viaje místico del octavo álbum de estudio de la dupla, que se planta unida y combativa desde la sigla del título: La Humanidad O Nosotros. Emmanuel y Dante volvieron a autoproducirse -como en Chaco, Versus y Leche- y, si bien están al tope del control de su ADN musical, no consiguieron la inmediatez de Chances, el disco que en 2012 puso fin a una década de reposo. Por supuesto, los IKV sostienen el nuevo set con convicción y maestría: tocaron 11 de las 13 canciones del disco a lo largo de la noche en bloques que intercalaron con viejos clásicos.

La apertura con "Aleluya", "Gallo Negro" y "Hombre Libre", la trifecta inicial de L.H.O.N., no tiene el impacto tribunero que otra banda buscaría para un show en el palacio de los deportes porteño, pero funcionó como el juego previo de una sesión de dos horas y media, que tendría más de un clímax. Luego fue el bloque de su destilado de R&B, hoy en su máximo refinamiento, con "Los Ángeles" y "Estrella Fugaz", al que sumaron "Espantapájaros", un trip hop que provoca desolación desde un punteo de guitarra y teclado. Y la power ballad "Sigue" fue el cierre épico de los momentos solistas del disco "El Árbol Bajo el Agua", de Dante, y "Diciembre", un highlight de Emma.

"¿Quieren bailar un poco?", dijo Dante antes de "Ula Ula", y más tarde redobló la apuesta. "¿Quieren agitar?", fue la pregunta que le dio pie al medley "Funky Futurista"/"Yacaré". Los beats electrónicos, tan repetitivos y efectivos como las letras que los acompañan, hacen más notorio el contraste de L.H.O.N. con Chances.

"Ritmo Mezcal" y "África", las canciones de L.H.O.N. que cumplen la cuota mínima de funk que debe tener un disco de IKV, completaron la presencia del nuevo álbum. La etapa anterior, en la que la dupla construyó su reputación de figuras de la escena nacional, fue apareciendo en un ida y vuelta por la línea del tiempo de su discografía y con cambios mínimos respecto a las versiones originales. De "Da Cosmos" de Versus (1997) se fueron hasta "Jaguar House" de Chaco (1999) y de ahí a Leche (1995) cuando mezclaron "Latin Geisha" y "Guerrilla Sexual" con "Jugo". La sensación que queda luego de este Luna Park es que ya no dependen sólo de esos clásicos y hits como "Remisero" y "Abarajame" -los últimos dos de la noche- para darle forma a un setlist redondo y que deje conforme al público: Chances y L.H.O.N. no fueron concebidos para justificar un regreso, sino que completan la cruzada Kuryaki y expanden los territorios sonoros que quieren evangelizar con la música y la palabra.

Por Emilio Zavaley

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