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Casey Affleck arregla su pasado en ‘Manchester junto al mar’

Manchester junto al mar

Con Casey Aflleck, Michelle Williams, Lucas Hedges. Dirigida por Kenneth Lonergan – Cuatro estrellas

No podés realmente prepararte para la enorme carga emocional que es Manchester junto al mar. Y no deberías permitir que críticos y amigos bocones te digan demasiado qué hay en esta trascendente película del guionista y director Kenneth Lonergan. Ninguna película de este año me conmovió tanto con su humor, su corazón y su humanidad.

Voy a decir sólo esto: el guión de Lonergan -un modelo de escritura excepcional sin ser prolijo, tímido ni discreto- se aboca a las ramificaciones de una tragedia familiar, una que se extiende desde aquellos involucrados directamente hasta la comunidad que por momentos ofrece y por momentos retira su apoyo. Escriban el nombre Casey Affleck en el Oscar para Mejor Actor ya mismo. Su trabajo como Lee Chandler, un empleado de mantenimiento de Boston que llaman para que regrese a su pueblo natal, Manchester-by-the-Sea cuando su hermano mayor Joe (Kyle Chandler, excelente), muere de insuficiencia cardíaca, es extraordinario y envolvente. En el pasado reciente, Lee fue duramente golpeado por la vida, buscando un escape en sus faenas repetitivas arreglando lavabos, destapando inodoros e iniciando peleas en bares con extraños que lo miran de reojo. Su única conexión humana es con su hermano, que tiene un barco pesquero comercial y trata de criar a su hijo, Patrick (Lucas Hedges, en una performance enérgica que hace pensar que aquí nace una estrella), un muchacho libidinoso de 16 años cuyas únicas preocupaciones son el sexo, el hockey y su grupo de rock. La madre alcohólica de Patrick (Gretchen Mol) abandonó a su familia hace mucho tiempo. Ahora Lee fue nombrado tutor del chico, un trabajo para el que este plomero cargado de odio por sí mismo no está para nada preparado.

En una película cualquiera, estas tramas se juntarían con una familiaridad penosa. Aquí no. Lonergan llena Manchester con desorden, con una sensación de la vida tal como es vivida, y no manufacturada por Hollywood. Con contribuciones brillantes del director de fotografía Jody Lee Lipes y del compositor Lesley Barber, la película nos permite experimentar a Lee mientras se aparta del mundo. Affleck ya ha estado maravilloso antes, sobre todo en Gone Baby Gone y en The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, por la que fue nominado al Oscar, pero estas son sus mejores dos horas en pantalla. En flashbacks que le permiten a Lonergan volver en el tiempo y a los espectadores ver a los personajes antes de que los definiera el trauma, Lee aparece como un chico malo y encantador, un esposo sexualmente juguetón para Randi (Michelle Williams) y un padre feliz para sus tres niños pequeños. Después ocurre lo impensable, y el matrimonio termina. En una película con momentos devastadores, un encuentro fortuito entre Lee y Randi te va a aniquilar. Es una escena que no olvidarás. Nunca. Williams, irradiando ferocidad y emociones, alcanza una nueva cima como intérprete, y Affleck y ella encarnan sus personajes con cada fibra de su ser. Son actuaciones del más alto calibre.

Seguramente reciban premios, al igual que Lonergan, quien en su tercera película -después de You Can Count on Me (2000) y su proyecto personal malhadado Margaret (2001)- hace todo bien, sin jamás suavizar quiénes son realmente estas personas ni ocultar las barreras que los esperan. El productor Matt Damon, quien estaba preseleccionado para dirigirla y protagonizarla, entendió que Lonergan conocía perfectamente su propio material. Buena idea. La película es un triunfo personal para el guionista y director. Más conocido como dramaturgo (This Is Our Youth, Lobby Hero) y guionista de comedias (Analízame) y de una película que fue carne de los Oscar (Pandillas de Nueva York), este hijo de psicoanalistas hace tiempo que se ocupa de lo que escondemos de los otros y de nosotros. Lee Chandler actúa con impulsos de lo que tiene miedo de examinar o articular. Y cuando lo vemos, a través de la conmovedora interpretación de Affleck, negarse el consuelo de la calidez y la comprensión humanas, lloramos por él. Sin trucos. Sin manipulación. Sin catarsis. Sin monólogos grandilocuentes que ofrezcan redenciones facilistas. No es ningún accidente que Manchester junto al mar rankee entre las mejores películas del año. Se lleva un pedazo de vos.

Peter Travers

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