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“Les enseñé las fotos de mis hijos a los ladrones y les pedí que nos dejen vivir”

Policiales | ROBO "Les enseñé las fotos de mis hijos a los ladrones y les pedí que nos dejen vivir"

02 de febrero 2017 – 01:30 Vacaciones de terror para una familia salteña en Brasil: fueron secuestrados y desvalijados. Seis hombres armados les robaron dinero, las alianzas y el auto. Suplicaron para sobrevivir.

Mariano Gil

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{[ caption ]}{[copyright]} {[ caption ]}{[copyright]} {[ caption ]}{[copyright]} {[ content ]} {[ caption ]}{[copyright]} {[ caption ]}{[copyright]} {[ titulo ]} {[ epigrafe ]} {[ copyright ]} Un matrimonio de Apolinario Saravia vivió un verdadero calvario en su estadía en Meia Praia, Itapema, en Brasil, luego de que un grupo comando de seis personas los secuestraran y los desvalijaran. El "vía crucis" duró casi dos horas y media, donde los malvivientes en forma continua los amenazaron con matarlos y le pusieron las armas que empuñaban en la cabeza.Esto le sucedió a Cándido Iradis, dueño de una radio en Apolinario Saravia, a su esposa Silvia Aguilera, y a su comadre Mariana Herrera. El matrimonio, además, está compuesto por dos hijos, uno de 7 y otro de 11 años.La odisea comenzó a las 2.47 de la mañana, cuando luego de cenar con dos matrimonios amigos, decidieron volver al departamento que habían alquilado en Meia Praia.

Perseguidos sin saber

Tomaron la avenida principal y se dirigieron hacia el condominio. "Habíamos hecho unas tres cuadras cuando miro por el espejo retrovisor y observo que atrás mío venía un auto blanco, no llegué a divisar si se trataba de un Volkswagen Fox o un Fiat Idea, que me seguía. Ese mismo automóvil ya lo había observado días anteriores cerca del departamento que alquilaba. Pensé entonces que se trataba de vecinos que vivían en la misma cuadra. Cuando llegamos al edificio abrimos con el control remoto la puerta del garaje, ingresé y estacioné en mi lugar. Ellos ingresaron atrás mío y estacionaron. Hasta ahí no había nada raro. Cuando estaba por bajarme del auto, veo tres tipos que me apuntan con un arma. Primero me encañonaron en el estómago, después en la cabeza", le relató Cándido a El Tribuno el comienzo del calvario vivido durante dos horas y media."Ahí se suben al auto, nos llevan a mí, a mi mujer y a mi comadre a la parte de atrás, todos amontonados, pero siempre con uno de ellos con el arma apuntando a mi cabeza. Me pidieron que les enseñe a manejar mi auto (Toyota Corolla automático). Salimos del lugar y nos pedían dólares. Yo no tenía. Les dije que no era un hombre de dinero, que en el bolsillo tenía unos reales, nada más. Ahí me exigieron que les dé mi tarjeta de débito y de crédito. Les aclaré, siempre para que se tranquilizaran, que solo iban a poder sacar 7.500 pesos argentinos porque el cajero no les iba a permitir más. Tomaron los plásticos, se los pasaron a otros tres tipos que estaban en otro auto y nos llevaron a pasear por todo Meia Praia, Itapema, hasta Camboriú (se encuentra a unos 30 kilómetros del lugar). En todo el recorrido nos apuntaron con las armas directamente a la cabeza".

Drogados y ebrios

Según contó Cándido a este matutino, "lo único que les suplicaba era que no nos maten. Que se lleven todo. Que se queden tranquilos, esto lo hacía porque durante todo el trayecto estos tres delincuentes se drogaban y tomaban alcohol. Estaban en muy mal estado. Temía que en un ataque de ira nos maten a los tres".Al matrimonio argentino le robaron todo, el auto, las tarjetas de crédito y de débito, y todos los documentos.Los secuestradores querían más, entonces se apoderaron de los celulares, de las alianzas, y de todo lo que había de valor dentro del auto. "En todo momento nos amenazaban con que nos iban a matar a los tres, en un momento tomé mi billetera y les enseñé las fotos de mis dos hijos, uno de 7 y otra de 11 años. Le marqué que debía criarlos. Que yo era el sostén de ellos. Que no nos hagan daño. Que se lleven todo. Les pedí que nos dejen vivir. Ahí creo que se calmaron, porque nos llevaron hasta un río muy cerca de Camboriú, ingresaron a una calle de tierra y nos bajaron. Debimos caminar 2 kilómetros hasta llegar a la Autopista 101".

Los hijos, a salvo

Después de llegar a la autopista, Cándido, Adriana y Mariana siguieron hasta encontrar un destacamento de la Policía. "Ahí nos volvieron a apuntar a la cabeza con las armas. Hasta que les expliqué a los policías qué nos había sucedido. Nos revisaron enteros y cuando vieron que fuimos víctimas de un robo nos llevaron a hacer la denuncia".Cándido le contó a El Tribuno que los hijos no se encontraban con ellos "porque mi hija me pidió quedarse en el departamento con unas amigas de dos matrimonios que habían viajado con nosotros. Gracias a su insistencia no vivieron todo lo que nos tocó a nosotros".Luego de hacer la denuncia en la Policía, los tres fueron llevados al departamento donde se reencontraron con sus hijos y empezaron a planear el regreso. "Debí acudir al Consulado argentino que se portó muy bien conmigo y mi familia. Gracias a ellos que agilizaron todos los trámites pudimos salir de Brasil, porque los secuestrados se llevaron todo: documentos, visas y pasaportes de todos".La familia volvió sana y salva a Apolinario Saravia gracias a los amigos que los ayudaron económicamente y en el transporte hasta la frontera con Misiones. "Ahí me esperaba otro amigo para llevarnos hasta nuestra casa. Recién ahora me está cayendo la ficha de todo lo que nos pasó, y debo agradecer que nos dejaron vivir. Recé mucho a la Virgen y al Señor del Milagro durante esas dos horas y media de calvario que vivimos".Cándido Iradis no tenía pensado contar su historia, las vacaciones de terror que le hicieron vivir seis malvivientes brasileños, pero al leer que a una familia salteña le había pasado lo mismo, decidió hablar. "Es para que todos los que viajen tengan cuidado. Este año hubo muchísimos robos en Brasil a los argentinos. No deben hacer nada como rutina, sino moverse por diferentes lado, ir a comer a distintos lugares, y fijarse bien cuando ingresen al lugar donde viven, porque allá también se pusieron de moda las entraderas".Y mientras este salteño, su mujer y su comadre vivían todo ese verdadero calvario, los otros tres malvivientes sacaron todo el dinero de su cuenta bancaria y utilizaron la tarjeta de crédito. "Hoy me llegó el resumen del plástico y tengo gastos de 300 dólares y otros más, pero doy gracias que todos estamos con vida", finalizó. Aparecen

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