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Ciro Zorzoli: «Al teatro le va quedando cada vez más el espacio de lo poético»

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14/02/2017 teatro

Ciro Zorzoli: "Al teatro le va quedando cada vez más el espacio de lo poético"

Dirige “Tarascones”, una hilarante comedia escrita por Gonzalo Demaría que regresa al Teatro Nacional Cervantes este viernes 17, luego de una exitosa gira nacional y de haberse presentado en el Festival Internacional Santiago a Mil de Chile, donde fue celebrada por el público y la crítica.

Alejandra Flechner, Eugenia Guerty, Paola Barrientos y Susana Pampín son las geniales intérpretes que componen a señoras de clase acomodada, siempre dispuestas para el té canasta y la improvisación de ciertas crueldades, dirigidas con una precisión exquisita, dentro de un registro de humor que impacta en las plateas más diversas.
Zorzoli es actor, dramaturgo, docente y director de algunas de las puestas más potentes de los últimos diez años, desde sus inaugurales e inquietantes “Living, último paisaje” donde actuaba y dirigía, junto a “A un beso de distancia”. “Ars Higiénica”, realizada a partir de textos del "Manual de urbanidad y buenas maneras", de Manuel Antonio Carreño, donde la repetición de los gestos de la pulcritud tejía un control obsesivo alienante; su enloquecida “Estado de ira”, un hit del boca a boca desde 2010 y la soberbia “Las criadas” de Jean Genet, con Marilú Marini como plus, entre otros trabajos.
Zorzoli habló con Télam sobre la vuelta de la obra escrita en versos de distintas métricas a la grilla del Cervantes, el lugar del teatro hoy y su amor por la comedia.
¿Cómo es el regreso luego de la gira?
La gira aportó otras miradas sobre el material, aquellas funciones no significaron un punto de llegada, son un nuevo punto de partida para seguir explorando. Veo a las actrices muy celosas de la pieza, se creó un fuerte vínculo entre ellas sobre el escenario. Vuelven con la experiencia ganada de haber probado relaciones con espacios diferentes, porque hicieron funciones en salas grandes y al volver acá a la Orestes Caviglia, tan íntima, juegan con lo expresivo para ponerlo en consonancia con el espacio.
¿Esperaba el éxito que tuvieron el año pasado?
El encuentro con la gente y sus risas fue tan sorpresivo, lo disfrutamos tanto… nosotros queríamos seguir haciéndola, por eso cuando el año pasado Alejandro Tantanián (director del Cervantes) se acercó antes de terminar la temporada a proponernos si queríamos arrancar este año, aceptamos felices. Estaremos acá hasta el domingo 9 de abril y luego habrá una nueva gira por diferentes puntos del país, y la pieza estará circulando hasta mediados de año.
¿Qué le interesa del trabajo desde el humor?
Me gusta mucho cuando el humor surge de cosas ligadas a cierta ingenuidad, cuando el público puede entrar en un contexto de humor como de niño, divertirse desde ciertas zonceras, y por supuesto me interesa el humor dotado de sombras. En la pieza circula cierto humor negro, donde el texto propone remates destacados. La comedia me parece un territorio ideal para que personas diversas puedan encontrarse gracias a ese juego establecido.
¿El trabajo de un texto en verso implica un desafío?
Esa fue la tentación, que la pieza fuese en verso y que fuese urbana, ese cruce atrajo. Para mí era nuevo encarar un texto así. Durante los dos meses y medio de ensayos el tema del verso, al contrario de lo que yo mismo especulaba, resultó un facilitador. No tenemos hábito de hacer teatro en verso y la pieza, además, es toda rimada. Hay algo del ritmo y de la musicalidad que ayuda en el sentido de la acción, se impone. De pronto el texto comenzó a dialogar con la acción de una manera rítmica.
El vínculo con la palabra en el teatro parece más ligado a pensarla como transmisora de información…
Claro, pero existe todo otro aspecto relacionado con otras poéticas, distintos niveles que convocan a la imaginación de quien escucha y exceden los márgenes del concepto: la musicalidad de las vocales, de las consonantes, el modo en cómo se pronuncian las pausas. La música de Marcelo Katz resulta vital para que la historia se contara en “tempo” con la palabra. En los tiempos que corren es tanta la posibilidad de ver las noticias en tiempo real, que al teatro le va quedando cada vez más un espacio de lo poético. Cuando tenés una verdad teatral generás una verdad en sí y se termina convirtiendo en una experiencia.
“Tarascones” es una obra donde las relaciones entre las protagonistas y los objetos de la puesta parece determinante…
Los objetos son fundamentales. Por eso quiero destacar el trabajo del equipo la iluminación de Eli Sirlin; el vestuario de Magda Banach y la escenografía de Cecilia Zuvialde. Por una cuestión de formación, el territorio de los sentidos es estimulante para el actor, a veces hasta sin saberlo, porque siempre estás en vínculo con lo que te rodea; simplemente se trata de ver de qué manera vos vas a abrir un juego donde esas relaciones potencien la actuación. La idea es que las cosas no funcionen como una excusa para sostener una situación, sino que sean parte de la situación. Si vas a un cocktail, no da lo mismo charlar con alguien con un vaso en la mano o sin ese objeto. La relación de las actrices con los elementos de la puesta es tan importante que, el personaje de Pampín, por ejemplo, terminó de aparecer cuando ella se calzó esa peluca con la que hace las funciones. Hacer la obra fue un proceso de experimento compartido, las actrices propusieron objetos, cualidades de sus personajes, ninguna tenía ningún tipo de prurito en afearse, en “abicharse”.
¿Está ensayando una nueva obra?
Sí, "La Puerta de al lado", una comedia romántica con Jorgelina Aruzzi y Peto Menahem, producida por Gustavo Yankelevich para estrenar la segunda quincena de marzo en La Plaza. Tengo noción del contexto donde dirijo, pero si el teatro sucede, es lo que importa. etiquetas

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